viernes, 1 de septiembre de 2017

Viernes de Valores: Cómo educar en el feminismo AKA La entrada interminable

¡Hola lectores!

Como les adelanté por todos lados, hoy les traigo reseña de “Querida Ijeawele o Cómo educar en el feminismo” de Chimamanda Adichie. Ya les hablé de ella en el último Viernes de Valores, por ACÁ. Así que quiero entrar de lleno en el contenido de este manifiesto feminista.

33876650Este pequeño librito nace como una carta que le escribe la autora a su amiga Ijeawele, quien, al tener una hija -Chizalum-, le pide a Chimamanda que le indique cómo criarla para que sea feminista. Chimamanda responde dando una serie de sugerencias, y cada una de ellas merece que las lean, las relean, las marquen, las anoten y las comenten luego.

Tengo que admitir que mi idea era contarles un poco de cada uno de los quince “consejos” que nos da la autora sobre cómo educar a una niña, pero esto se haría demasiado largo así que voy a desarrollar algunas y simplemente mencionar otras. Con esto, espero convencer a todos de correr a comprar el libro (¡que es súper barato!) y leerlo. Tal vez no convenzo a nadie, pero Chimamanda arranca diciendo "recuerda que puedes hacer todo lo que te propongas y que, aún así, no salga como lo esperabas porque la vida tiene esas cosas. Lo importante es que lo intentes.” Así que acá vamos.

La primer sugerencia de Chimamanda es: Sé una persona plena.

Como la carta tiene origen en la maternidad de Ijeawele, Chimamanda le sugiere que no se defina solo por ser madre, sino que sea una persona plena. Que trabaje si la hace feliz. Y yo añado: estudiá. Viajá. Socializá. Ser madre, ser hija, ser estudiante, ser esposa. Nada tiene que definirte y encasillarte. Cada aspecto de tu vida es importante, en mayor o menor medida, y está bien que priorices pero no dejes que un solo aspecto de tu persona te defina.

"Concédete espacio para fracasar. Una madre novata no tiene necesariamente que saber cómo calmar a un niño que llora.  No des por hecho que deberías saberlo todo. Lee libros, consulta internet, pregunta a padres mayores o simplemente aplica el sistema de prueba y error. Pero, por encima de todo, céntrate en seguir siendo una persona plena. Tómate tiempo para ti. Cultiva tus propias necesidades."

Esta parte se la marqué y se la leí a mi madre, que se definió casi toda su vida como esposa, luego madre, luego abuela, y cuando mi padre murió y sus hijas y sus nietos crecimos, se encontró con que no sabía qué hacer o con qué llenar sus días, porque nunca habían girado en torno a ella. Ahora estudia piano, practica la religión budista, es reikista, acude dos veces por semana a un grupo barrial y a clases de baile, y nunca la vi mejor.

La segunda sugerencia de la autora se refiere a la crianza de Chizalum y Chimamanda recomienda: “Hacedlo juntos”.

Chimamanda nos recuerda que, por lo general, un niño se hace de a dos, y así es como debería criarse también. Lo que más me gusta de esta premisa es que Chimamanda acepta que las mujeres tenemos eso de que el padre/ el hombre no va a hacerse cargo del bebé/ la casa de la misma manera que una, porque eso es un micromachismo adquirido y nos lo inculcaron culturalmente. ¿Quién no escuchó alguna vez decir que “está haciendo de niñera” el padre que va a buscar al hijo al colegio? ¿O quién no piensa, realmente, que las tareas domésticas son para la mujer porque el hombre simplemente no sabe hacerlas bien? 

"Refrena el perfeccionismo, controla ese sentido del deber condicionado por la sociedad. Compartid equitativamente los cuidados de la niña."

Y sobre cómo saber lo que es equitativo, Chimamanda es clarísima y la verdad es que su reflexión me hizo aplaudir:

"Sabréis cuando los cuidados se reparten de forma equitativa. Lo sabréis por la ausencia de resentimiento. Porque cuando existe una equidad real no hay resentimiento."

Y creo que podríamos escribir ensayos larguísimos sobre esa frase, pero los invito a pensarla un poquito, nomás, y a que me digan si no es totalmente cierto: No lo apliquen solo al cuidado de esta niña, real o hipotética. Llévenlo al trabajo práctico en grupo que tuvieron que hacer. Llévenlo a los quehaceres de la casa. Al papeleo de la oficina. A las peleas sobre quién tiene que sacar al perro. ¿No es fenomenal? Si hay equidad real, no hay resentimiento. Yo suelo sentir resentimiento, y los que me siguen en redes lo deben saber, ¿no?. Esa sensación de que NO ES JUSTO y SIEMPRE YO y LO HAGO PERO SEPAN QUE NO ME CORRESPONDE. Sí, todos estuvimos ahí alguna vez. Y no se trata de hacer las cosas un 50/50, porque cada uno tiene cualidades, capacidades y ocupaciones distintas, y si fuéramos un poquito más conscientes de esto, ¿no les parece que viviríamos más tranquilos?

Una de las mejores sugerencias que da Chimamanda es la siguiente, y puedo estar HORAS hablando de esto, ¿verdad Tobbi?

"ENSEÑALE A TU HIJA QUE LOS <ROLES DE GENERO> SON SOLAMENTE UNA TONTERÍA.
“Porque eres una niña” nunca es una razón para nada. Nunca."

Los que me conocen (por redes o IRL) saben lo mucho que repito eso. Saben lo mucho que me encanta ver destruidos los “roles de género”. Social, culturalmente, interiorizamos desde muy temprano los roles de género.

“Los roles de género están tan profundamente enraizados que a menudo los seguimos incluso cuando chocan con nuestros verdaderos deseos, nuestras necesidades, nuestra felicidad. Son muy difíciles de desaprender y por lo tanto es importante que Chizalum los rechace desde el principio.”

Yo entiendo que los roles de género son difíciles de desaprender. Desde chicas nos dicen que nuestro color es el rosa. Que nuestros juguetes son la cocinita, las muñecas y el juego de escoba y palita, todos juguetes pasivos que nos hacen quedar en un espacio reducido, sin hacer mucho ruido, sin levantar mucho la vista. 

¿No les ha pasado, de chicos, que les dijeran que se estuvieran quietas “como una señorita”? ¿Que no corramos? ¿Que nos sentemos quietecitas, con las piernas juntas? ¿No les han preguntado ahora, de más grandes, para cuándo el novio? ¿para cuándo la boda? ¿para cuándo el hijo? ¿escucharon que les preguntes esas cosas a un varón? ¿Alguna vez escucharon la frase “boys will be boys” para justificar toda actitud irreverente o irrespetuosa por parte de un varón?

Chimamanda sugiere que en lugar enseñarles a las niñas sobre roles de género, les enseñemos independencia. Que miremos más allá de su género y de todo lo que culturalmente se asocia a él y prestemos atención a sus capacidades como individuos. Ahí, según Chimamanda, radica la clave para permitir que todos los niños y niñas alcancen su máximo potencial.

Otra de las sugerencias que más me gusta, y creo que es CLAVE en la actualidad, se relaciona con el lenguaje.

"El lenguaje es el depositario de nuestros prejuicios, creencias y presunciones. Lo que digas importa. Le enseña lo que debería valorar. Cuestiónalo todo… No te limites a etiquetar algo de misógino, explícale a tu hija por qué lo es y cuéntale cómo dejaría de serlo."

AMO esta sugerencia. Especialmente porque entiendo que nuestro lenguaje es bastante misógino y NO, no sé cómo solucionarlo. No me gusta la idea del usar el @, ni el “todos y todas” ni la x en lugar de una vocal, pero me alegra que la pregunta esté planteada. Como dijo Alexander Hamilton en la CB Nº 3 (ok, lo dijo Lin-Manuel Miranda y no llegó al cut final pero vayan a escuchar esa cabinet battle, es la mejor!): No tendré la respuesta, pero la pregunta es real.

Además, considero que muchas cosas que usamos en la jerga cotidiana son denigrantes para las mujeres (y para otros grupos estigmatizados, véase: “negro de mierda”). 2017 y seguimos escuchando a chicas llamar “putas” a otras chicas. Utilizamos peyorativamente expresiones como “gritar/ correr/ hacer X <como una chica>”. Todo lo femenino tiene una connotación negativa que muchas veces nos pasa de largo porque estamos acostumbrados a usar así el lenguaje. Son expresiones hechas que ni siquiera significan lo que en verdad queremos decir.

En mi casa sucede mucho. Siempre estoy atenta para poder parar y hacer pensar a quien use algunas de estas expresiones. Por ejemplo, la palabra “puta” en casa no se usa; ni para expresar enojo (“ay, que puta, te comiste todo el dulce de leche” – “que GLOTONA, en todo caso, cuida el vocabulario”) ni -mucho menos- para hacer alusiones a la vida sexual de alguien. Cada persona vive su sexualidad a su manera y eso se respeta mientras todo sea entre adultos que consienten (“¡pero se acuesta con todos!” – “entonces es una persona que disfruta el sexo, no <una puta>”).

Relacionado con esto, Chimamanda le sugiere a su amiga que nunca relacione el aspecto de la niña con la moral. No, no importa que tan corta sea la falda que está usando. Eso no la hace ser ni mejor ni peor persona. Sólo la hace tener una falda más o menos corta. Con esto no quiero decir (ni Chimamanda) que no cuides cómo te ves o que no cuides cómo se ven las personas a tu cargo. 

Tranquilos, no estoy diciendo que las faldas cortas están mal. Simplemente que sé que las modas no siempre son apropiadas. Personalmente no me gusta que mi sobrina de quince años use vestidos que apenas le cubren algo de piel, literalmente. No me parece bonito, ni fino, ni adecuado para su edad ni para los fines de la vestimenta. Pero cuando mi madre quiso decirle hace poco “ese vestido es de trola” (SIC) la paré y muy sutilmente le recomendé a mi sobrina otro vestido, que me parecía mejor en todos los aspectos, y a ella le terminó gustando más también. Pero no, JAMAS voy a decirle que su gusto por la moda (o falta del mismo) tiene algo que ver con su moral. 

Porque ese pensamiento es el que funda las estúpidas ideas que aparecen después, cuando preguntamos qué estaba usando la víctima de una violación. 

NO IMPORTA, MABEL. Lo que usás y cómo te presentás al mundo es una expresión de tu individualidad y nadie debería decirte nada al respecto; mucho menos juzgarte.

Pero si es una es lo suficientemente mayor para andar eligiéndose la
ropa, también es lo suficientemente mayor para aprender sobre sexo. Y CONSENTIMIENTO. Pero, Bel, yo me elegía la ropa a
los dos años – GENIAL, desde entonces podés empezar a tener
una noción de cómo se hacen los bebés y de que NO ES NO, que
tu consentimiento vale. No lo digo sólo yo, Chimamanda también
lo cree:

Si otro niño le coge un juguete sin su permiso, pídele que lo recupere, porque su consentimiento importa. Dile que, si algo la incomoda, se queje, lo diga, grite.

AMO esta frase. Creo que es la más importante de todo el libro.

Chimamanda la usa cuando está sugiriendo que dejemos de enseñarle a las niñas que tienen que gustar a todo el mundo. Porque eso también es algo para lo que nos educan. Ser amable de entrada. Y seguir siendo amable aunque no sean amables con nosotros. Hay estudios que indican que las mujeres cada que quieren meter bocado en una reunión empiezan con un “perdón, pero...” o “perdón, permiso” y ¿PERDON DE QUÉ? ¿De existir? ¿De tener una idea? Sí, porque “interrumpir” es de “mala educación” y a nosotras nos educan para ser correctas.

Ayy, gente, hay tantas frases más, tantos consejos súper interesantes para comentar! Pero esto se está haciendo larguísimo. Voy a terminar con una frase más, porque a menudo escucho que el machismo y el feminismo son lo mismo porque el feminismo quiere que las mujeres gobiernen el mundo y llenen la TARDIS de sostenes y tampones.

Al respecto, Chimamanda nos deja bien en claro que no queremos ningún beneficio. No queremos ser más ni consideramos ser mejores que los hombres. Queremos lograr una igualdad REAL de derechos, queremos el mismo RESPETO y la misma CONSIDERACIÓN. Queremos las mismas oportunidades. Y para eso, tenemos que aprender nosotros y enseñarle a la siguiente generación que la igualdad de géneros no sólo es posible sino NECESARIA.

Enséñale también a cuestionarse la idea de que las mujeres son especiales. Las mujeres no necesitan que las reverencien ni que las defiendan; solo necesitan que las traten como a seres humanos iguales.

Eso es el feminismo. El movimiento que lucha por la IGUALDAD de los géneros. Creo que más o menos di una idea de lo que defiende esta corriente, aunque sé que hay muchas cosas que quedaron afuera. Por suerte, quedan muchos viernes en los que voy a poder seguir hablando de FEMINISMO.

Por lo pronto, me despido adelantando algo del próximo Lunes de LGBT, con una sugerencia sacada de este mismo libro (porque Chimamanda también sugiere que enseñemos sobre la diversidad en todos sus aspectos): HAZ NORMAL LA DIFERENCIA.


5 comentarios:

  1. Holaaa
    Interesante libro, sin ninguna duda, no sabía de su existencia, pero es muy necesario en el mundo
    Muchas gracias por presentármelo con tu reseña ^^
    Un besazo!

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  2. ¡Hola!
    Muy bueno el analisis a la historia, creo que todo se basa principalmente en el respeto, tanto a ti mismo como a los demas, de ahi en adelante entenderas que la vida se vide mas feliz y plena cuando dejas de lado la costumbre de criticar todo.

    P.D. ¡Gracias por seguirme de vuelta! Espero que quieras continuar pasandote por mi Blog.

    ¡Nos leemos! :3

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    1. ¡Muchas gracias! Sin dudas, el respeto por la dignidad humana más allá de la raza, el género, la orientación sexual o cualquier otra condición accesoria es la clave para un mundo feliz, a mi entender <3

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  3. Hola!!!
    Gracias por pasarte por mi blog te sigo de vuelta :P
    Tengo pendiente este libro, me ha gustado mucho tu entrada :D
    Nos leemos, besos ^^

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  4. ¡Hola!😊,
    Que bonito blog tienes jeje, vengo de la iniciativa "Seamos seguidores", quería avisarte de que he seguido tu blog, ¿podrías seguir el mío devuelta?.
    ¡Un abrazo!
    Obsesión por la lectura ♥

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