jueves, 18 de octubre de 2018

#LCMorganRhodes - And the winner is...

¡Hola gente! ¿Se acuerdan de esta #LCMorganRhodes que organizamos con con Meli del blog Words Feather Blog, Alvin de Alvin Books, y Jules de Por los bigotes de Shakespeare

¿Participaron? ¿Qué tul los libros? ¡Cuéntenme en los comentarios! Les cuento que yo fracasé estrepitosamente y ni siquiera terminé el primer libro de la saga, pero pero pero--- ¡igual une de ustedes se va a llevar de premio el tercero! 

Así de buenas personas somos. Ok, en realidad la buena acá es la editorial SM que se copó con un ejemplar de El abrazo de las Tinieblas para ustedes.

Sin más preámbulos, a lo que vinieron…



¡Congrats! Recordá que tenés 48 hs. para reclamar el premio enviando un mensaje privado en redes sociales, o un correo al mail de contacto de cualquiera de los blogs (el mío es elblogdebelriddle@gmail.com ♥)

¡MIL BESITOS, VUELVAN PRONTO!

lunes, 1 de octubre de 2018

Cuando no hay soga de la que tirar


Hoy le dije “adiós” a una persona que para mí no existe desde enero del año 2000. Y voy a dormir tranquila.

Hay veces que la gente se manda una macana y nosotres, como si estuviéramos rezando un padre nuestro, perdonamos sus ofensas con la esperanza de que venga algo mejor. Y a veces las macanas son muchas. Y perdonamos muchas veces. Pero a veces las personas hacen algo malo, más grande, más significativo, y une no puede ni olvidar ni perdonar. Y capaz decimos que sí. Que ya fue. Que ya está. Lloró y pidió perdón y prometió que de ahora en adelante iba a ser mejor persona.

Pero hay personas que no cumplen sus promesas. Y que se olvidan muy rápido de sus errores (si es que los ven) y los vuelven a cometer. O se mandan alguna similar. Y vuelven a llorar y a pedir perdón de la misma manera, y vuelven a prometer las mismas cosas que ya te habían prometido muchas veces antes, y te das cuenta de que no, que no van a cambiar, que es mentira.

Y capaz ya lo sabías. Capaz aquel enero cuando te mintió a la cara por primera vez te diste cuenta. Algo en lo que dijo, o en cómo lo dijo. Algo en cómo suavizaba la voz para recitar palabras que parecían aprendidas de antemano. Algo. Algo te hizo dar cuenta de que era mentira. Pero igual dijiste que sí, que ya fue, que ya está.

Entonces cada vez que volvían a lastimar a alguien, cada vez que volvían a hacer algo mal, cada vez que se equivocaban y hacían sufrir a alguien… Capaz que vos perdonabas pero en realidad no. Porque capaz ya no te importaba. Capaz estabas diciéndole que la perdonabas, pero en realidad estabas hablando con un fantasma.

Hay personas que “tiran de la soga”, ¿vieron?
A ver hasta dónde llegamos, a ver cuánto más puede aguantar el vaso sin rebasar.
Y hay personas que creen estar haciendo eso cuando en realidad
ya no hay soga de la que puedan tirar.

Hoy le digo al fantasma que ya no voy a seguir jugando a fingir. Le digo que esa soga de la que está tirando no existe, se rompió mientras celebrábamos el nuevo milenio. La rompió un llamado telefónico y ella no se dio cuenta. Pero yo sí. Cuando me miró a los ojos y me prometió que iba a ser una mejor hermana, yo supe que eso era mentira. Y supe que nunca más iba a creerle nada de lo que dijera.

Y si pretendí durante tanto tiempo que la soga estaba ahí fue solo porque había más personas, personas con las que sí estoy unida, que estuvieron todo este tiempo intentando rearmar el vínculo. Unir la soga. Pegar el vaso que se hizo añicos. Pero ya no tengo ganas. Suerte con esas reparaciones, pero me cansé de jugar a fingir para que ella siga tironeando la nada misma.

Gasto mucha energía haciendo eso, y me duele ver cómo les otres siguen intentando. Así que también se los dije. No sé qué van a hacer. Están cansades. Mucho. Demasiados años intentando reparar algo que la otra se empecina en seguir rompiendo.

Hoy le dije a Ramona que para mí, Pichi ya no existe. Que me cansé. Capaz que lo de hoy fue más suave que aquella vez que la atacó con una cuchilla de cocina, o que aquella vez que pretendió querer matarse frente a los vecinos, o que la vez en la que se acostó con el marido de nuestra tía. O cuando dejó a su hija de dos meses y se fue a hablar por teléfono con el amante sin decirle a nadie a dónde estaba. (La salimos a buscar. La nena estaba enferma. Volvió sola, después, ofendida porque le pedimos que la próxima vez que saliera de la casa y dejara a su hija sola, por lo menos avisara). La gota que rebasó el vaso para mí fue aquel verano del año 2000, cuando me di cuenta de que me estaba mintiendo, de todas formas. Hoy solamente me cansé de mentir.

Y escribo esto acá porque sí. Porque ya casi me olvido de algunas cosas que perdoné. Y no me quiero seguir olvidando. (Estoy recordando recién ahora la vez que tuve que sacar corriendo a mi hermana menor de mi casa y llevarla del vecino, porque ella había atacado a mi otra hermana con un cuchillo tramontina. Yo tenía siete años.) Ya no más.

Y escribo esto acá porque he hablado de tantas cosas personales en redes, en paneles, con completos desconocidos en mensajes anónimos. Y me han dicho tantas veces que mis experiencias les ayudó, de alguna forma, que capaz que contando esto también ayude a alguien.

Porque al fin de cuentas, lo que quiero decir es que a veces las personas son malas. A veces no, pero hacen cosas malas. Y a veces perdonamos todo y más, por las razones que sean. Porque les queremos, porque tenemos esperanzas, porque son familia.

Y quiero decirles que está bien si no quieren perdonar. Está bien que den un paso al costado y digan “basta”. Aún cuando la soga no esté rota, pueden soltarla desde su lado y decir “hasta acá llegué, me cansé, no sigo más”. No importa si del otro lado está tu padre, tu madre, tu hermano, tu hermana.

No le debés parte de tu energía a nadie. No tenés por qué mantener en tu vida a gente tóxica, ni siquiera cuando creas que lo hagas por el bienestar de alguien más. Pasé los primeros años de mi vida perdonando a mi hermana, y los últimos dieciocho pretendiendo que lo hacía. Hoy dije basta. Y voy a dormir tranquila.